lunes, 7 de octubre de 2013

Acerca de Personas

d0 it y0ur s3lf, it d03sn't m3an d0 it 0nly f0r y0u
TRY n0t t0 $urr3nd3rrr....

martes, 10 de septiembre de 2013

Vujicic

Tears clean the windows of your soul
That`s why you feel good after crying.

lunes, 8 de julio de 2013

Extremo-Y-Duro

Anda y cuéntale a tu diosecito


que aquí huele a mierda

Y dijo Judas


solo necesito un trozo de cuerda 

viernes, 28 de junio de 2013

niulain

Recuerdo recurrente: tenía 8 años, quizá 9. o quizá el tiempo no exista. Tengo veintilargos y lo vivo intensamente. Había descubierto las bolitas, las que llevaban los nenes al cole, cosa que extrañamente no pasaba en el mío. Decidí que mi peso semanal iba a ser invertido en bolitas. Allá fui al kiosco/librería de la mano de la Luchía, recuerdo que estabas vos y me atendiste, deberías tener 10 años en ese entonces. Tal vez tenía mucha cara de entusiasmo, te vi sonreir cuando te pedí las bolitas. Creo que ese fue el día que me di cuenta que me gustabas, pero, ¡¿Éramos? los dos tan raros!
Llevé las bolitas al colegio, y desde ese día en adelante empezamos a jugar todos los recreos, primero en el piso, con dedos torpes. Quiñar, opi, manita negra y todo el vocabulario ludístico empezó a ser moneda corriente en nuestros momentos de libertad. Después, nos apoderamos del cantero y armamos la canchita oficial. Amaba, y sigo amando las bolitas. Regalé casi todos los juguetes, menos esos tesoros redondos. ¿Quién sabe porqué? Tal vez por esto.
El recuerdo del momento en el que compré las bolitas es algo muy recurrente. Vamos, uno de esos recuerdos que aparecen de tanto en tanto y tienen una impresión tan fuerte en mi como el olor a tierra mojada.

miércoles, 26 de junio de 2013

SheMe

El: Te miro y me seguís cautivando.
Ella: ¿Por qué? Yo no te tengo que gustar.
El: Vos no sos quien para decirme si me tenés que gustar o no. Me seguís gustando y punto.
Ella: ...
El: Me voy a dormir. Quedate con la cama, duermo en el piso.
Ella: No, dormimos en la misma cama.
El: Como gustes.
Se acuestan. El con un sollozo silencioso a cuestas. Ella, la mujer mas misteriosa de todas, ¿En qué podría estar pensando? Quien diablos lo sabe. Ella se acuesta a su vera.
Ella: ¿Qué harías para no arrepentirte de no haber hecho algo?
El: Lo haría y ya. No es tan difícil.
Ella: Yo ya no dejo de hacer cosas que luego podría arrepentirme de no haber hecho.
El: ...
Pasa un rato: el silencio. Pasa otro rato: cercana distancia. Un desencuentro en un encuentro desencontrado. El se mueve. Ella se mueve. Pasan unos segundos.
Ella: No tengo sueño, ¿Y vos?
El: Más o menos, ¿Jugamos uno de los juegos de mesa que subimos?
Ella: Dale.
Jugaron palabras cruzadas, casi sin cruzar palabra. Tu turno, decía uno. Listo, te toca a vos, decía el otro. Ellos se conocieron a los 14 años. Se llamaron la atención mutuamente por teléfono. Se enamoraron a primera vista. ¿Querés un chicle? Fue lo primero que ella preguntó. Una historia que los persiguió durante 10 años de lejanía, amor en silencio y deseos expresados en tinta, a más de 1.000.000 de pasos de distancia.
El: Me voy a dormir.
Ella: Bueno, yo también voy a intentarlo.
Y nunca estuvieron juntos a pesar de haber compartido la misma cama, la misma noche, al mismo tiempo.

Claramente es una historia ficticia. O tal vez le pasó al amigo de un amigo... o tal vez no.

Tender

«No me interesa cómo se mueve el ser humano, sino aquello que lo conmueve». Pina Bausch.

martes, 25 de junio de 2013

Los Amantes del Círculo Polar

Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta
mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu
pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días,
ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser.

Julio Cortázar - Rayuela

El Desencuentro entre Otto y Ana


Si, podría contar mi vida uniendo casualidades